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El talento humano no conoce de exclusión

Por Amanda Rojas G. (Para La Reportera CR) El talento humano no conoce de exclusión en una sociedad donde se valora más la velocidad de una persona para desempeñar una tarea y no su capacidad de hacerla bien, sin poner el factor tiempo como único parámetro que define el grado de aptitud y excelencia, las personas con discapacidad enfrentamos muchos desafíos y desventajas en comparación con la población sin discapacidad.
Pero ¿por qué? La respuesta es muy simple, no por eso lógica ni justa: precisamente porque, debido a padecer cierta condición que limita la movilidad, por ejemplo, es más complejo desenvolverse con la rapidez que la sociedad espera y exige.
Esto se convierte en “una razón de peso” para que este colectivo goce de escasas oportunidades laborales, las cuales son la base de la estabilidad y el crecimiento económico no solamente individual, sino también de toda una nación. Ante dicho panorama, ser una persona en situación de discapacidad parece ser sinónimo, en la mayoría de los casos, de “estar condenado a la pobreza”.

El talento humano no conoce de exclusión

En Costa Rica, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), solamente 2 de cada 10 miembros de esta población ocupan puestos de trabajo especializados, que son aquellos en los que se necesita formación académica o capacitación previa para realizarlos, mientras que 3 de cada 10 tienen empleos no calificados, los cuales no requieren formación previa y el salario que se recibe por realizarlos es bajo.
Portrait of handicapped business executive using digital tablet in office
El estigma es una barrera invisible, pero muy poderosa, que limita las posibilidades de las personas con discapacidad de obtener empleo, pues es habitual que se nos mire, en ocasiones sin mala intención, desde la lástima, la duda —“¿será que verdaderamente está en la capacidad de hacerlo?”— y la desconfianza. Todos estos sentimientos son entendibles hasta cierto punto, pues vivimos en una sociedad donde casi no existen espacios en los que se hable y se sensibilice sobre la discapacidad».
«No se ve como algo necesario o se le resta importancia a introducir este tema en el sistema educativo, por ejemplo, mediante distintas estrategias que brinden la capacitación y las herramientas necesarias tanto a los docentes como al estudiantado, para abordar la discapacidad no desde la indiferencia, los prejuicios y el desconocimiento, sino desde una perspectiva empática y respetuosa que enfatice la relevancia de la inclusión».
Si se educa a la población estudiantil desde edades tempranas, asumirán la inclusión con naturalidad y la pondrán en práctica durante todas las etapas de su desarrollo, dentro y fuera del sistema educativo; en consecuencia, cuando les corresponda ingresar al mercado laboral, serán empleados o, en el caso de los empleadores, personas comprometidas con la creación de empresas que cuenten con sólidas políticas inclusivas y así garantizar la igualdad de oportunidades, forjando un mercado laboral que no le “cierre las puertas” al talento humano, sino, todo lo contrario, que esté en plena disposición de abrirlas para cualquier persona, sin que la discapacidad represente un obstáculo.
Claro está que la concientización sobre este tema empieza desde el seno familiar; sin ella, no es posible, o al menos el proceso de formar personas conscientes al respecto se vuelve más complicado.
Desde mi perspectiva, la gran barrera que existe detrás de la falta de oportunidades educativas y de empleabilidad para las personas con algún tipo de discapacidad es la cuestión actitudinal, la cual envuelve a todos los sectores de la sociedad. Esa es la base de todo, el factor común que determina el “ritmo” de avance, implementación y puesta en práctica de políticas públicas e iniciativas gubernamentales, por ejemplo, que tengan un impacto significativo en aumentar la presencia de esta población en la fuerza laboral. Esto sigue siendo “una deuda país”.
¿Por qué existe aún un rezago alrededor del tema de la discapacidad a nivel nacional? En gran medida, por la falta de voluntad política, misma que sigue poniendo la falta de presupuesto como principal impedimento para ejecutar distintas acciones que demuestren un progreso sustancial en esta materia.
Este tema debe ser una prioridad en la agenda política; además, es necesario aprovechar verdaderamente y de manera responsable los recursos públicos y privados disponibles que están enfocados en mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad.
También es fundamental trabajar en más estrategias que “trasciendan el papel”, no se dejen en el olvido y brinden soluciones reales para derribar las diversas e innegables barreras con las que lidiamos las personas en condición de discapacidad.
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Eledith Díaz J.

Bachiller en Periodismo y Licenciada en Comunicación de Masas de la Universidad San Judas Tadeo. Ganadora del Premio Voces, Imágenes y Testimonios. Centro de Comunicación Voces Nuestras. Categorías: Fotografía y Testimonio escrito, género crónica. Libro "Mujeres que luchan por su dignidad" tema "Dos veces sentenciada" publicado en el año 2010.

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